¿Merece la pena ir a un nutricionista?


Ahí está la pregunta.

Víctor y yo vivimos juntos, comemos de tupper a diario y tenemos una divertidísima vida social desde el jueves al domingo. Hacemos algo de deporte, pero tampoco somos demasiado constantes. Cocinamos. Cocinamos mucho y evitamos los procesados, los azúcares añadidos y la comida menos sana. Como sabéis comer bien no significa comer aburrido, y la imaginación la tenemos muy desarrollada.

En ocasiones, como todo el mundo, ganamos algo más de peso del que deberíamos. Y hasta entonces con “comer bien” unas semanas, parecía que funcionaba. O al menos lo justo como para perder un par de kilos y quedarnos tranquilos.

Cuando te das cuenta que no sabes comer

Mi hipótesis, hasta ahora, era que, si lo habíamos cocinado, tenía que ser bueno. Y que, si un día te pasas, pues tampoco es para tanto.

Pero la última vez fue distinto. Porque estuvimos dos meses comiendo bien y lo único que conseguíamos era no seguir ganando, pero no perdimos ni un solo gramo.

Así que decidimos ir a un sitio especializado que nos ayudase. Con varias condiciones de antemano:

  • Que no pasásemos nada de hambre
  • Que no hubiera prohibiciones. Sí restricciones, pero no cosas que “no puedas comer”
  • Que se adaptase a nuestro ritmo de vida: tuppers, cañas, horarios… queríamos que fuera fácil de seguir

Las dietas por puntos

Así fue como decidimos probar las dietas por puntos o intercambios. Conocíamos a gente que las había hecho y les había funcionado bien.

Al final es más sencillo de lo que parece: cuentas con unos grupos o tipos de alimentos y cada semana nuestro nutricionista nos dice de qué grupo podemos comer en cada comida. A veces tienes 3 puntos de hidratos y 2 de proteínas, otro solo 1 de verdura y 3 de proteínas. En general tienes 5 comidas y tus puntos distribuidos.

Luego tienes equivalencias a esos puntos. Por ejemplo, 3 puntos de hidrato son 45g de arroz (crudo) o un poco más de garbanzos. Tú decides qué comes.

Además, el hecho de que haya alguien detrás hace que te adapte un plan a tu vida. Si voy al gimnasio, si a media mañana no tengo tiempo de comer mucho, si sabe que los fines de semana nos tomamos alguna cerveza…

Lo mejor y lo peor de la dieta

La dieta no ha terminado, porque esto es aprender a comer y queremos que la buena costumbre que tenemos ahora se mantenga. Sin embargo, sí hay unas cuantas conclusiones que quiero compartir:

  • Hemos perdido peso. Sin pasar hambre
  • Nos hemos dado cuenta que distribuíamos fatal los hidratos de carbono
  • En las sesiones no solo nos “repartían puntos”, sino que al final nos explicaban muchas cosas sobre las propiedades nutricionales de los alimentos
  • También hay que hacer deporte. Yo he empezado en b3b y estoy súper contenta

Eso sí, no todo es bonito:

  • Hemos tenido que cambiar y adaptar nuestras recetas a esta nueva forma de comer
  • Ha habido un aprendizaje detrás de cantidades y tipos de alimentos que hemos incorporado
  • Algunas semanas, sobre todo con la reducción de los hidratos, hemos “sufrido” en ambientes sociales porque en muchos bares las opciones de cena son solo basadas en hidratos

Ir a un nutricionista es una buena decisión

No he escrito este artículo para venderos nada (de hecho no voy a poner ni el nombre del nutricionista, si alguien quiere más info que me escriba). Pero sí quería deciros que ir a un nutricionista nos ha ayudado mucho. Hemos aprendido qué comer y sobre todo, hemos visto resultados. Ahora los días de comer mal se conviertan en una resaca de alimentación para el cuerpo.

 

¿Cuál ha sido vuestra experiencia? ¿Habéis ido alguna vez al nutricionista?

 

 

Foto de Comida creado por freepik

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