Qué sabía y qué no sabía del postparto

Yo sí sabía lo que era el postparto. Al menos en teoría. Sabía que tras el parto no sólo iba a nacer mi hijo, sino que iba a nacer una nueva mujer.

Sabía que mis hormonas se descontrolarían y que tendía cambios de humor. Sabía que, dependiendo del parto que tuviera, estaría mejor o peor físicamente. Sabía que el cansancio afectaría a esa ecuación.

Afortunadamente ya había pasado el duelo de la lactancia (desde mitad del embarazo sabía que no iba a poder dar el pecho). Y digo afortunadamente, porque sabía que en el postparto el duelo de la lactancia y el duelo de un mal parto suelen jugar una mala pasada.

Sabía que había gente cerca para apoyarme, y sabía que mi pareja sabía de este proceso.

Pero quizá no sabía…

No sabía que nada más llegar a casa, en mitad de una mudanza infinita, con las calles aún colapsadas de nieve tras Filomena, sin compra y con la cuna sin montar porque mi bebé se había adelantado… me desmoronaría de esa forma entre lágrimas.

No sabía que podía tener miedo al enfrentar las primeras noches y miedo a quedarme sola unas horas con el bebé.

No sabía que, pese a haber tenido un parto maravilloso, perdería tantísima sangre y usaría más de una semana las bragas de redecilla. No sabía lo que me dolería sentarme y la presión inferior que notaría al estar de pie. No sabía que me haría pis encima varias veces esa semana ni que ir al baño fuese más un ejercicio mental que fisiológico por el miedo a empujar.

No sabía que todas las tardes iba a ponerme a llorar sin ningún motivo aparente pero como parte de un proceso de limpieza interior. No sabía que coger a mi hijo fuera un alivio tan grande.

No sabía lo sola que me iba a sentir pese a que tuviera tanta gente cerca apoyando. Caminar por esas arenas movedizas es cosa de una sola, pese a que el apoyo de los demás es más que necesario.

No sabía que todas las amigas, hermanas, conocidas hubieran pasado por ese proceso. Si lo hubiera sabido las habría tratado de otra forma, solo me queda compensar con las que vienen.

No sabía cuánto iba a durar este proceso, pero sí sé que un día se fueron disipando las nubes. Un día simplemente dejé de llorar, me acostaba mirando con amor a mi bebé y, aunque siguiese tremendamente cansada, me encontraba con fuerzas para hacer cosas. El instinto ganó al miedo.

Foto de Amor creado por user18526052 – www.freepik.es

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